Acribillado en una de las enormes ramas de la “Prochota” en la Plaza Central Chiapa de Corzo por una multitud enardecida, hace poco más de noventa años colgaba el cuerpo de un personaje que con el pasar del tiempo se convertiría en uno de los mitos más macabros del estado de Chiapas; es la historia del capitán Enrique Verdi.

Todo sucedió allá por el año de 1919. En ese entonces Chiapas de Corzo era aún un pueblo de de escasos habitantes donde la mayoría se conocía, al menos a simple vista. Hijo del italiano Enrico Verdi y la chiapaneca Josefa Margarita Gómez, Enrique Verdi Gómez provenía de una familia de renombre entre la localidad.

Con alrededor de 32 años, la personalidad y apariencia física del capitán Verdi despertaba cierta extrañeza. Alto, de piel blanca y con ojos profundamente claros se mezclaban con la parda personalidad y extraña fama de este personaje.

Sin embargo, su notoriedad en la comarca iba más allá que eso. Como describe don Anselmo Castro, habitante de Chiapa de Corzo con más de 83 años, la leyenda de Enrique Verdi comenzó mucho antes de su fatídica muerte.

“Algunos lo han querido hacer pasar como si hubiera sido malo, pero mi madre que lo conoció dice que tenía la costumbre de dar dinero a los pobres. Aunque al final dicen que perdió la razón y se comportaba de forma extraña por lo que a algunos les daba miedo”, relata.

Y es que, hay quienes aseguran que, al mismo estilo del legendario Robin Hodd, este personaje era famoso por saquear dinero de la gente adinerada para posteriormente entregarlo a personas de escasos recursos.

No obstante, el momento que inmortalizó su mito se suscitó durante el mes de junio de 1919.  La desaparición de una pequeña niña vendedora de dulces acaparó la preocupación y exaltación del pueblo. De manera repentina sus padres habían dejado de saber de ella como si la tierra se la hubiera tragado.

Y aunque la tierra no cargaba con la culpa, sí dejó que las aves carroñeras sacaran a la luz lo que sus entrañas guardaban. Fueron los zopilotes quienes encontraron el cuerpo de la niña en el patio trasero de la casa que habitaba el propio Enrique Verdi.

Con evidentes signos de violación y maltrato físico, el cadáver de la pequeña vendedora de dulces fue rescatado por los habitantes de Chiapa de Corzo. La desgarradora escena enloqueció a la multitud enardecida que exigía tomar venganza por su propia cuenta. El destino de Verdi estaba marcado.

Ni las autoridades municipales pudieron hacer nada para que Enrique Verdi fuera apresado por la turba de gente, fue entonces que confesó haber sido él quien violara y matara a la niña, cuenta Ana María Nandayapa, relatora especializada en mitos y leyendas de Chiapa de Corzo.

“Confesó que había sido él… ya no estaba cuerdo y se comportaba de manera extraña. Eso hizo que la gente del pueblo lo viera con temor. Enloqueció y gritaba cosas raras y extrañas mientras los llevaban preso al Parque Central para ser juzgado por la gente”, narró la anciana mujer.

De este modo, aunque las autoridades del Ayuntamiento trataron de detener el linchamiento, nada pudieron hacer. Verdi fue colgado de uno de los ramales más extensos del mítico árbol de “Pochota”, pero los minutos pasaban y raro hombre aún se mantenía con vida bajo la mirada aterrada de los testigos.

“Fue al fin colgado de una larga rama de la Pochotona que se tendía como yéndose a la Pila, y que para mayor seguridad que don Enrique moría, fue idea de dos señoras de Chiapa, colgarse de los pies del ahorcado, desgarrándole parte de la ropa y dejando ver un tatuaje que éste tenía en el pecho y parte de la espalda, que era el dibujo de un diablo con una cola tan larga que, dando vuelta por las costillas, llegaba a mitad de la espalda”, detallan las narraciones de los testigos, recopiladas por Mario Aguilar Penagos.

“En tanto esto sucedía, a menos de una hora vínose a dar el caso que, viniéndose muy fuerte un remolino por la calle que viene de la iglesia de Esquipulas en San Jacinto, llegó hasta donde se encontraba el ahorcado para zangarrearlo fuertemente… visto todo esto por la multitud, tomáronlo como que el diablo había llegado por el alma del difunto para llevárselo al infierno, y de allí todo fue de correr y salir huyendo cada quien para su casa", detallan las crónicas.

Fueron estas escenas macabras las que fortalecieron la idea de que aquel hombre llamado Enrique Verdi tenía nexos con que mora en las tinieblas. Sin embargo, aunque todo pudiera parecer un cuento engrandecido por la euforia colectiva de los que presenciaron tal hecho, la muerte de Verdi también fue registrada en los periódicos de la época.

Así consta en el periódico chiapaneco “Reconstrucción Nacional” fechado con el 19 de junio de 1919. Bajo el titular “Vindicta popular, ahórcase a Enrique Verdi”, este medio impreso se narra el trágico linchamiento suscitado en la plaza principal de Chiapa de Corzo.

"No quisiera tratar este asunto que acaba de pasar aquí en Chiapa, por la misma razón de ser un acto bochornoso que nos pone a muchos en el banquillo de los acusados por no haberlo impedido y exigido a las autoridades que esto fuera evitado. Repítese el caso del año de 1893, con el ajusticiamiento popular de un individuo acusado de violación, y como en aquella ocasión, las autoridades muestran su incapacidad y desinterés por llevar este caso a un proceso legal en que se demuestre plenamente la culpabilidad del asesino”, destaca el texto periodístico.

Hoy a casi cien años del hecho, la figura de Enrique Verdi ha tomado fuerza dentro de la “santería”. Conocido en ese mundo de la magia negra y la brujería como “San Enrique Verdi” o “el hermano Enrique”, la fama de este personaje se ha regado como pólvora por países como Guatemala, Honduras y la mayoría de los estados del país donde es perfectamente conocido.

La estampa de su rostro se ha convertido con el paso del tiempo en elemento recurrente de los altares de varios sitios utilizado para actividades de santería. “Es muy milagroso, ayuda a curar a las personas… llega en las noches y quita la enfermedades a la gente que se le es encomendada”, asegura don Tito, santero y creyente de este mítico personaje.

“San Verdi martirizado, de uniforme ensalzado, devoto vengo a postrarme ante ti, y es que necesito que en todo lugar en que me encuentre pueda recurrir a ti sobre todos los Santos. Tu infinito poder es inmedible porque como Capitán que fuiste tuviste de la tropa el mando y cual valiente nadie te ganaba… Con tu muerte en la cuerda del árbol  amarras a los amigos del más lejano mundo y con ellos me protegerás…”, expresan las oraciones popularizadas en su nombre.

Tras un reciente trabajo de remodelación, actualmente la tumba de este legendario hombre es sitio de constantes visitas. Nunca falta una vela encendida que alumbre su última morada. En el área, lo que llama la atención es la gran cantidad de velas rojas y negras que se encuentran depositadas alrededor de la cripta.

Y es que a decir de lo panteoneros, el lugar se ha convertido en sitio para la invocación de peticiones especiales por parte de brujos o personas creyentes en el tema. Hoy el libro original de mármol que reguardaba el sepulcro apuntando la fecha de su muerte como el día de su nacimiento parece haber sido retirado.

Sólo quedan algunos restos de la tumba original, en el Panteón Municipal de Chiapa de Corzo, pero el misticismo que encierra la figura de Enrique Verdi aparenta una mayor fuerza y coloca a su historia como uno de los mitos más macabros de los que se tenga registro.    

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