No ha sido suficiente el desproporcionado despliegue policiaco de agentes federales en Tuxtla Gutiérrez para amedrentar a la disidencia magisterial que ha hecho de Chiapas “la trinchera” más complicada para que el gobierno de Enrique Peña Nieto imponga por la fuerza su reforma laboral educativa, como una de las tantas reformas que hoy mantienen a México en tremenda inestabilidad.

El arribo de miles de policías federales a Chiapas y los sobrevuelos de madrugada sobre el centro de la capital chiapaneca han creado un escenario poco antes visto para la entidad. Ni siquiera la convulsa frontera centroamericana o los puntos de mayor violencia en la entidad han sido dignos de semejante despliegue policial.

Aquí parece que se fuera a librar una batalla contra algún cartel del narcotráfico o un peligroso grupo del crimen organizado, y no contra profesores y profesoras de las escuelas públicas en Chiapas. Ha quedado más que demostrado el uso excesivo de la fuerza pública y la irresponsabilidad de las autoridades estatales y federales a la hora de reprimir manifestaciones que terminan generando graves daños colaterales.

La imposición de una reforma a la que la calidad educativa para los estudiantes es lo último que realmente le interesa y el pésimo manejo de las autoridades responsables mantienen a muchos estados del país convertidos campos de batalla. Y es que, en honor a la verdad, se debe reconocer que el sector magisterial es el único que se ha opuesto en las calles contra la reformas impositivas del gobierno peñista.

Por eso la disidencia magisterial ha generado tantas empatías y se ha vuelto el pretexto recurrente de muchos para manifestar su hartazgo frente un gobierno federal lleno de cuestionamientos y señalamiento legítimos. Ahí la razón del por qué, pese a su intermitencia y la constante prostitución de causa a manos de sus líderes docentes, el movimiento magisterial se revitaliza y fortalece nuevamente.

Las malas y autoritarias decisiones de Aurelio Nuño en Chiapas otra vez han puesto en desventaja a su reforma con respecto al respaldo de la población en general. Por eso este domingo vimos a miles de padres de familias salir a manifestar su apoyo a los profesores huelguistas en la capital chiapaneca y redes sociales plagadas de campañas voluntarias en contra del gobierno y en favor de los docenes.

Porque sí, aunque muchos se nieguen a reconocerlo, en las redes sociales también se genera incidencia y se transforman percepciones de masas. Ahí también se gesta revolución ideológica. Finalmente se han vuelto el medio de información y comunicación de mayor impacto en los últimos años. Y ahí la lucha magisterial ha surtido más efecto que la manipulación mediática ejercida a través de los medios tradicionales.

Por eso Aurelio Nuño ha fracasado rotundamente en Chiapas y otros tantos estados que siguen en resistencia. El gobierno de Enrique Peña Nieto tiene en su reforma laboral educativa su mayor derrota; un fracaso que seguramente no podrá recomponer en lo que le resta de su administración y que, muy seguramente, el siguiente gobierno federal vendrá a reconsiderar por lógica de gobernabilidad.

Volver