Con la notoria ausencia de José Antonio Aguilar Bodegas, finalmente este jueves se consumó el tan postergado relevo en la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el estado de Chiapas, mediante un evento protocolario a modo que sólo confirmó lo que ya parece “muy cantado”: la casi inminente designación de Roberto Albores Gleason como candidato al gobierno de Chiapas por la coalición PRI-Verde.

La llegada de Julián Nazar Morales a la dirigencia estatal del PRI se das tras casi dos años de confrontaciones entre el equipo de Albores Gleason y viejas figuras del priismo chiapaneco como el propio Julián Nazar. La gestión de Albores Jr. habría concluido oficialmente el 9 de agosto de 2015; sin embargo, su periodo se ha extendido más de lo previsto, hasta que los tiempos electorales fueron los indicados para su salida.

La toma de protesta de Nazar Morales no es de ninguna manera un triunfo de los opositores. Es resultado de una larga negociación política tutelada por la dirigencia nacional del partido para acabar con los jaloneos y crear un ambiente de aparente unidad partidista en torno a la figura de Albores Gleason como inevitable abanderado priista al gobierno de Chiapas.

Por eso no sorprende que el evento de toma de protesta pareciera armado para que fuera Albores Jr. el protagonista de los aplausos. El evento fue organizado y ejecutado por el equipo de logística del propio Albores Gleason. Julián Nazar tomó protesta entre la mayor de las informalidades e intrascendencias, para dar paso después a los verdaderamente importante: la llegada de Claudia Ruiz Massieu, en representación de Enrique Ochoa Reza, para acuerpar a su “gallo” en Chiapas.

La nueva dirigencia de Nazar Morales tiene ya trazada su primera encomienda de la dirigencia nacional. Se le ha asignado la tarea de unificar al priismo fraccionado y preparar al partido para enfrentar el proceso electoral que justo comienza este viernes 8 de septiembre. Las fechas tan justas no son fortuitas ni coincidencias.

La ausencia de José Antonio Aguilar Bodegas no fue más que un berrinche ante la nueva derrota en su carrera política. Pero no quiere decir que el aún secretario del Campo haya sido excluido o relegado de las negociaciones finales. A Aguilar Bodegas también se le han prometido tajadas del botín completo, pero el sabor a una nueva derrota sexenal pesa duro sobre sus hombros. Finalmente, las cosas no salieron otra vez como las había planeado o deseado.

El escenario dentro del Partido Revolucionario Institucional en Chiapas cada vez parece más claro. Las definiciones sólo esperan a ser oficializadas para terminar de una vez por todas con las suspicacias. El propio Manuel Velasco Coello ha mostrado en múltiples ocasiones la línea indicada por las cúpulas nacionales. La alianza PRI-PVEM se va a consumar y el candidato estás más que enfilado.

No es gratuito el permanente acompañamiento de personajes como Fernando Castellanos Cal y Mayor, Carlos Penagos, Enoc Hernández y hasta el propio Manuel Velasco que, por deslinde o guardar las apariencias, parece haber dejado sólo a Eduardo Ramírez en sus esfuerzos por fabricar su propia candidatura estatal desde cualquier otro frente que le abra las puertas.

A menos de dos meses de comenzar con las definiciones finales, las aspiraciones parecen haberse concentrado en tres frentes potenciales: el de la coalición liderada por el PRI con un candidato ya muy ventilado; el encabezado por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con dos contendientes y la posibilidad de alguna sorpresa; y el abanderado por el nuevo Frente Nacional Ciudadano (PRI-PAN-MC) donde Ramírez Aguilar podría tener el principal campo de oportunidad… así las cosas.

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