La reciente designación de Rutilio Escandón Cadenas como coordinador organizativo de Morena en Chiapas, y por lo tanto virtual candidato al gobierno estatal por dicho partido, ha comenzado a definir de manera más clara el panorama electoral en la entidad chiapaneca para la contienda electoral del próximo año.

El sorpresivo anuncio del pasado viernes cayó como balde de agua fría para muchos que habían depositado en el partido de Andres Manuel López Obrador sus mayores y últimas aspiraciones reales para contender por la gubernatura chiapaneca. Y en la lista final figuraron varios nombres de procedencias distintas. Unos, incluso, con ambiciones más cínicas que otros.

Caso especial entre los supuestos contendientes finales es el del presidente del Congreso de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, a quien de plano no le importó ser el actual presidente estatal del Partido Verde Ecologista de México para buscar la candidatura de otro partido. Por mucho menos de eso otros militantes han sido sometidos a procesos de expulsión inmediatas ante traiciones fragrantes tan evidentes como esas. Pero bueno, aquí el Verde se cuece aparte.

La sola posibilidad de que Morena dejara entrar a la contienda a un personaje como Eduardo Ramírez resulta insultante para su militancia. ¿En serio Andrés Manuel López Obrador hubiera permitido entregar la candidatura de Morena al presidente estatal de uno de los partidos que más crítica dentro de la presunta mafia del poder? Sería interesante conocer el contenido de esas listas oficiales y qué explicación daría AMLO a semejante ofensa ideológica.

La designación de Rutilio Escandón honestamente no resulta tan sorpresiva. Desde la creación del mismo Movimiento de Regeneración Nacional Escandón Cadenas fue siempre un aspirante inevitable por sus estrechas vinculaciones con López Obrador y su hermano Pío. Ya en varias ocasiones se ha señalado que ambos personajes han sido los principales enlaces del presidente de Morena en Chiapas desde hace más de una década.

La contienda real entre la afinidades políticas y personales de Andrés Manuel siempre estuvo entre Rutilio Escandón y Zoé Robledo, la supuesta aparición de Ramírez Aguilar en la encuesta final seguramente se trató de esas complacencias políticas que nunca faltan, pero pocas veces son efectivas. Escandón Cadenas siempre ha sido más “lopezobradorista” que perredista, su militancia reciente ha sido lejana y de puro papel.          

Por eso la reacción tan medida y diplomática de Zoé Robledo. Él sabe perfectamente que no ha quedado fuera de la jugada, que está dentro de los afectos de Andrés Manuel y seguramente algo bueno habrá para él. Por eso la reacción de los otros contendientes, tan mesurados y reconciliadores. Hubo acuerdo de grupo, con todo y las lógicas desilusiones electoreras para quienes veían cerca las posibilidades de alcanzar la candidatura.

Finalmente, en la figura de Escandón Cadenas se concentraron las mayores coincidencias políticas desde adentro y afuera del partido. En la inminente candidatura del aún presidente del Poder Judicial del estado de Chiapas se concentra también el mayor agrado gubernamental local y, con ello, la menor resistencia oficial a la candidatura Morena en Chiapas. Se trata estrictamente de estrategia y conveniencias mutuas. Política pues.

Con la definición de Morena en Chiapas el panorama electoral del próximo año cada vez resulta más claro. En el PRI-PVEM de la inminente candidatura de Roberto Albores Gleason y, ahora, en el Morena de Rutilio Escandón Cadenas parece estar la contienda real del relevo sexenal que viene; sólo esperando al abanderado de PAN-PRD-MC cuyas posibilidades lucen ahora muy poco prometedoras. Suena aventurado a estas alturas decirlo, pero así se avizora hoy el futuro electoral… así las cosas.  

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