El futuro electoral del denominado Frente Ciudadano por México para la contienda del 2018 en Chiapas aún luce francamente muy incierto. A diferencia de lo que sucede a nivel nacional, su consolidación en la entidad chiapaneca parece lejana y con muy pocas posibilidades de significar una competencia real para las fuerzas políticas que evidentemente han tomado mucha ventaja en la materia.

Tanto el Partido Acción Nacional (PAN) como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Chiapas se encuentra en medio de serias fracturas internas que podrían dificultar aquí una alianza de verdadera competitividad. Se trata de partidos debilitados con confrontaciones de estructuras internas donde las prioridades están hoy más allá de elegir candidatos al gobierno de Chiapas. Simplemente, ahora no están en los tiempos propicios.

El caso del PAN en Chiapas tiene particularidades de mayor complicación. La dirigencia estatal, a cargo de Janette Ovando Reazola, mantiene un confrontación y distancia permanente con el resto de la militancia y las principales figuras del panismo chiapaneco. Desde principios de 2016 Janette Ovando y su grupo mantiene prácticamente secuestrada la dirigencia estatal blanquiazul, en medio de serios señalamientos de corrupción y nepotismo.

Ovando Reazola se ha dedicado a impulsar la campaña de Rafael Moreno Valle en Chiapas con el mayor de los fervores posibles, además de enriquecerse y enriquecer a la congregación religiosa donde profesa. Se ha quedado sola al interior del panismo estatal. Las solicitudes de remoción o destitución pesan sobre sus hombros como fuertes contracorrientes casi generalizadas. Ha llevado pues a la dirigencia estatal lejos de la militancia con verdadero peso electoral.

A excepción de Francisco Rojas Toledo, que cada vez luce más alejado del panismo, Acción Nacional en Chiapas parece ausente de la escena político-electoral en la entidad. No figura y sus figuras no pintan para nada. Sin Rojas Toledo, el partido ni siquiera podría pensar, incluso, en una candidatura realmente competitiva para la capital chiapaneca. De ese nivel el letargo y la desarticulación de un partido tan importante como ese.

Para ser concretos, la militancia de peso dentro del panismo estatal tiene las miras y la maquinaria puesta sobre la contienda federal. Lo local aún no termina de cuajar o concentrar las atenciones reales. Algo igual de complejo sucede dentro del PRD estatal; ahí los golpeteos internos e intereses mezquinos de personajes como Diego Valera, impulsado por grupos de la dirigencia nacional, mantienen un ambiente de tensión.

Las claras intenciones de imponerse mediante grupos promotores en la dirigencia nacional podrían complicar el proceso interno. Finalmente, el partido también parece haberse quedado sin figuras de peso dentro de la militancia que pudieran contender con posibilidades reales. En lo que respecta a Movimiento Ciudadano aquí las cosas aún no son claras. Lo único cierto es que, pese a sus porristas de oficio, María Elena Orantes NO será la candidata. No es competitiva y su imagen está más que desgastada. Cosa que ella sabe a la perfección.  

Las circunstancias para el posible Frente Ciudadano por México en Chiapas no pintan nada bien a estas alturas del proceso. Las posibilidades de que terminen recurriendo a un candidato externo apuntan a ser las más lógicas y probables. Ahí es donde personajes como Eduardo Ramírez Aguilar, que buscan con desesperación aparecer en las boletas electorales, podrían tener su última posibilidad de acceder a la contienda.

Sin embargo, quien resulte candidato del posible Frente Ciudadano por México en Chiapas tendrá que hacerlo a conciencia de que será una aventura a contra corriente, con posibilidades mínimas y muy lejos de las maquinarias electorales fabricadas para los candidatos del PRI-PVEM y Morena-PT. En resumen, todo indica que será un candidato de relleno con objetivos reales lejos de la silla que hoy ocupa Manuel Velasco… así las cosas.

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