Han transcurrido ya 15 días desde el terremoto de 8.2 grados que sacudió a las costas de Chiapas y el olvido parece estar llegando demasiado pronto. La tragedia en la entidad chiapaneca y Oaxaca ha dejado de ser noticia o tema prioritario, y las explicaciones de las autoridades estatales respecto al destino final de los 80 millones de pesos del extinto Fondo Estatal para la Atención de Desastres Naturales simplemente nunca llegaron.

Las terribles afectaciones en la Ciudad de México no sólo terminaron por relegar mediáticamente a la tragedia en estados como Morelos, Puebla y Guerrero, también opacaron por completo a la crisis en Chiapas y Oaxaca donde la situación es aún más grave. El escenario en la capital del país y la aplástate cobertura mediática de lo sucedido ahí minimizaron el sufrimiento en otros puntos críticos de la república.

La situación no sorprende mucho para un país centralista como México donde lo que NO sucede en la capital siempre parece lejano y menos importante, incluso para quienes viven en “provincia”. Ahí el papel de los medios de comunicación, igual centralizados, ha sido coyuntural sobre el establecimiento de la agenda mediática. Esa que igual puede mantener a millones de espectadores a la espera del presunto rescate de “una niña”, mientras en el resto de la nación otros tantos son arrebatados de los escombros y miles más sufren tragedias “menos llamativas”.

Lo que tanto se temía, el relego de las afectaciones provocadas por el mayor terremoto de los últimos 100 años, apunta a estarse consumando. Aún hay miles de familias en Chiapas y Oaxaca que todavía no reciben ayuda, por lo menos no la indispensable para comenzar a reconstruir sus vidas o reubicarse en espacios habitacionales temporales mientras la reconstrucción comienza y se realiza. Aún hay miles en la incertidumbre de un presente y un futuro complicado. 

A un escenario tan gris como ese súmele usted la corrupción y falta de transparencia en el manejo de fondos y/o recursos destinados a atender emergencias como esta. Y es que, pese a los señalamientos y exigencias, hasta la fecha la Secretaría de Hacienda estatal no ha dado explicación alguna sobre el destino que se le dio al Fondo Estatal para la Atención de Desastres Naturales eliminado de “un plumazo” por el Congreso de Chiapas.

La Secretaria de Hacienda ha guardado un silencio cómplice a lo sucedido con el dinero etiquetado para la atención de desastres en Chiapas. Fue la dependencia responsable de reasignar el millonario recurso y ha preferido callar. A dos semanas de los hechos ni siquiera se ha manifestado para referirse a un tema tan importante que desnudó los anómalos procedimientos ejecutados en mancuerna con el legislativo estatal.

De las justificaciones del presidente del Congreso, Eduardo Ramírez Aguilar, ni hablar. El también presidente estatal del Partido Verde Ecologista de México se ha enfrascado en hablar de la creación del nuevo “Fondo para la Gestión Integral de Riesgo de Desastres” como si eso explicara o justificara totalmente el abrupto movimiento presupuestal de los 80 millones de pesos, reasignados a fines desconocidos con la desaparición de anterior fideicomiso.

Es incuestionable que las tragedias siempre sacan lo mejor de los mexicanos, pero también terminan por exponer lo peor del sistema gubernamental y su corrupta clase política que (en su mayoría) están siempre listos para sacar el mayor provecho posible de cualquier situación, aunque este de por medio la tragedia ajena. Lamentablemente ese también es el rostro del México que menos nos gusta, del que tanto lastima e indigna las entrañas… así las cosas.

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