La vieja frase de “que las normas se hacen para romperlas” son cada vez más certeras entre las autoridades electorales que no se adaptan a las decisiones “democráticas” de un pueblo si no a intereses de partidos y del gobierno en turno. ¿Cómo se puede confiar en las autoridades electorales si se comportan como títeres de los dirigentes de los partidos políticos y  el gobierno? ¿Quién los pondrá en cordura?

 

Por un lado y a media campaña electoral, el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) aprueba el registro de un candidato común de los partidos Verde Ecologista de México (PVEM), Podemos Mover a Chiapas y Chiapas Unido a la gubernatura y ordena sustituir a su abanderado, Fernando Castellanos Cal y Mayor, por no haber solicitado licencia a la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez 120 días antes de las elecciones, como marca la ley.

 

Luego el Tribunal Electoral del Estado de Chiapas (TEECH) ordena al Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana registrar a Fernando Castellanos Cal y Mayor como candidato de “La Fuerza de Chiapas”, tras justificar que su separación del cargo se realizó desde el momento en el que solicitó a la Secretaría General del Ayuntamiento que el trámite se gestionara y no cuando fue aprobada por el cabildo.

¿De qué se trata, acaso las leyes no son claras para los dos organismos o cada uno está mangoneado por los gobiernos federal y estatal? El gobernador, Manuel Velasco Coello, tan convencido está de que el candidato a la presidencia de la república, José Antonio Meade, está derrotado y que será protegido por Andrés Manuel López Obrador, que le da valor para demostrar su poder en el estado y desmantelar las estructuras del PRI en Chiapas, siguiendo el plan maquiavélico de “debilitar al enemigo de tal manera que le sea imposible vengarse”, porque de lo contrario sabe lo que puede suceder.

El presidente, Peña Nieto, intenta apaciguar al enemigo haciéndole regalitos como el nombramiento a la dirigencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), pero  Manuel Velasco Coello le ha declarado la guerra y debilita al ungido del gobierno federal. A Peña Nieto no le quedó claro  que a los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que, la ofensa que se haga al hombre debe ser tal que le resulte imposible vengarse.

 

 En este juego perverso, el pueblo queda en el olvido. Los enemigos están probando sus fuerzas y aunque el consejero del Instituto Nacional Electoral (INE), Ciro Murayama Rendón, dejó en claro que no hay tiempo, dinero, ni papel suficientes para imprimir nuevas boletas que serán utilizadas en la jornada del 1 de julio, y confió que el Tribunal Electoral Federal respalde su decisión, no hay vuelta atrás, al fin de cuentas los chiapanecos siempre han pagado los caprichos del gobernador.  

 

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