Los crímenes contra las mujeres no distinguen posición ni color en México, los asesinatos de las candidatas locales de Puebla y Oaxaca va más allá del debilitamiento de las instituciones por épocas de proselitismo, es una guerra contra las mujeres para no llegar al poder, sobre todo para aquellas que tienen libre pensamiento y decisión.

 

Para lograr el sufragio femenino, las mujeres pagaran altos costos, muchas vidas perdidas, fuertes batallas, horas de trabajo, de vigilia, de violencia, marginación y eso solo para alcanzar el derecho al voto, entonces que nos espera como mujeres de libre pensamiento y con iniciativa  de ejercer un sufragio universal, libre y directo.

Los resultados del movimiento de mujeres de finales del siglo XIX y principios del XX, que sembraría la semilla del feminismo y que exigía, entre otras cosas, el derecho a votar en igualdad de condiciones que los hombres, no están lejos de la realidad actual, la ola de violencia de esta contienda electoral ha rebasado cualquier parámetro que alguna vez imaginamos, dos candidatas asesinadas a tiros en menos de 24 horas es totalmente abominable.

Juan Iraís Maldonado, candidata a diputada local en Puebla por el Partido Verde, fue atacada en el municipio de Jopala –en la Sierra Norte de esa región– a donde había viajado a hacer campaña. Mientras que Pamela Terán, regidora con licencia de Juchitán y aspirante a segunda concejal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), fue acribillada en el municipio de Oaxaca. Ambas fallecieron durante la madrugada del sábado pasado.

Maldonado, la candidata viajaba en un coche con su compañera de partido la regidora Erika Cázares. Ambas salían de Jolapa después de un acto de campaña cuando un comando les disparó. Pamela Terán también fue asesinada cuando estaba terminando sus actividades de campaña electoral. La aspirante a segunda concejal del municipio de Juchitán estaba abandonando un restaurante en el centro de ese comunidad, cuando desde un automóvil varios hombres le dispararon a ella y a sus dos acompañantes: su chófer y la fotógrafa María del Sol Cruz Jarquin. Terán era parte de la lista del candidato del PRI a la alcaldía de Juchitán, Hageo Montero López

Al inicio de la contienda electoral, varias activistas feministas declararon que los feminicidios alcanzan cifras enormes en temporada electoral, sobre todo porque las instituciones públicas se concentran en el proselitismo y abandonan sus responsabilidades, pero los asesinatos de estas dos candidatas deja mucho que pensar, sobre todo para aquellas mujeres que no quieren ser “juanitas” y  están logrado un lugar en la contienda electoral por el reconocimiento del pueblo.

 Es evidente que los partidos “conservadores” no dejaran el camino libre a las mujeres, están acostumbrados a manipular y llevar el control,  salir de ahí les está costando la vida.

Las vidas arrancadas de estas mujeres y de todas las que han muerto o desaparecido por cuestiones de género no lleva reflexionar a exigir y a comprometernos más entre mujeres, porque los discursos y promesas de funcionarios públicos jamás darán soluciones a los feminicidios,  que no nos apague la zozobra y la soledad, es necesario acuerparnos entre mujeres y no permitir  que los aspirantes tomen el tema de los feminicidios como bandera y exigir que el tema se trate con respeto, dignidad absoluta y que se le den soluciones reales.

La ola de violencia del panorama electoral es espeluznante, desde que comenzó el proceso electoral se han reportado alrededor de  107 políticos asesinados en todo el país. Ya la Organización de Estados Americano (OEA) en abril pasado reportó un promedio de un asesinato de candidato cada cuatro o cinco días. La mayoría de las agresiones se han concentrado en los candidatos del PRI, así como en los aspirantes del PRD y el PAN.

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