En Chiapas un promedio de mil 500 maestros interinos y un ejército de cerca de 37 mil jóvenes de entre 17 y 29 años se emplean como capacitadores de preescolar, primaria y secundaria, donde el nivel educativo no cuenta con un seguimiento pedagógico y el rendimiento educativo es mínimo.

 

En meses pasados, la Secretaría de Educación Pública (SEP) del estado informó que alrededor de mil 500 docentes de nivel básico laboran de forma interina, con contratos de tres meses, principalmente por la escasez de plazas. Contratos que se renuevan con una serie de requisitos que implica gastos y que difícilmente son recuperados de forma inmediata.

Por otro lado, Enrique Torres, director general del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), informó que más de 800 mil alumnos  de 4 a 9 años de edad son atendidos por más 37 mil jóvenes de entre 17 y 29 años a través de este organismo descentralizado, en zonas con menos de 500 habitantes.

Al observar este panorama uno se pregunta cuál es la calidad educativa  de la mayoría de las comunidades de Chiapas, de qué manera la Reforma Educativa hará frente a estas problemáticas de antaño. Pues los jóvenes capacitadores de Conafe a cambio de los recorridos de más de dos horas por caminos sinuosos para llegar a las comunidades, de las clases diarias en ambientes adversos como casas, plazas e incluso en el campo, reciben una contraprestación mensual que va de los mil 900 pesos a los 4 mil 400 pesos.

Además, el gobierno del estado, Manuel Velasco Coello, no ha cubierto la deuda de cientos de maestros interinos, quienes les deben en promedio de 150 a 180 mil pesos de salarios devengados desde hace cuatro años. Varios  grupos de maestros interinos  dejan los lugares de trabajo porque es insostenible la situación que se vive en Chiapas.

Rosalinda Jiménez, oriunda del municipio chiapaneco de Oxchuc, da cuenta de la odisea diaria que significa enseñar a una población donde el 97 por ciento vive también un grado de pobreza. “Hay que explicarle todo a los niños en tzeltal, ahí no hay nada, no hay internet, no hay señal. A los alumnos allá no les puedes pedir ‘trae tal material’ porque no tienen dónde comprar. A veces nosotros sacamos de nuestro bolsillo y eso que no nos pagan mucho, pero somos capaces de sacar el dinero de nuestra bolsa para que ellos puedan entender más”, asegura esta joven maestra de 20 años.

Cientos de comunidades de la entidad no cuentan con aulas, pizarrones, ni servicio de drenaje, los maestros, como Rosa Linda, se las ingenian para enseñar a una veintena de niños de la comunidad. Lejos de las promesas electorales que dibujan un México donde los alumnos de educación básica tendrán clases de inglés, computación y aulas interactivas con servicio de WiFi, en estas comunidades los profesores luchan por obtener lo más básico: libros y pupitres.

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