Después de una fuerte oposición y una ola de críticas contra el proyecto, finalmente, este jueves, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) salió a medios de comunicación para anunciar la cancelación del Proyecto Hidroeléctrico Santo Domingo que contemplaba la construcción de una presea hidroeléctrica en el corazón de la Selva Lacandona, Chiapas.

En medio de un hermetismo sospechoso que llevó a la ambiciosa propuesta hidroeléctrica hasta la última etapa de autorización, el proyecto propuesto por la empresa chilena Generación Enersi S.A. de C.V. terminó por diluirse ante la presión social.

Aunque se tenía previsto que el fallo definitivo fuese hecho público durante la primera semana de septiembre (15 días después de concluir el análisis de factibilidad), en una intempestiva conferencia de prensa la Semarnat salió la tarde de este jueves a anunciar que había rechazado el proyecto de presa hidroeléctrica Santo Domingo que se pretendía construir sobre el río Santo Domingo en el municipio de Maravilla Tenejapa.

La Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) resolvió que el proyecto contradecía lo estipulado en diversos ordenamientos, entre los que se encuentran los Decretos de Reserva de Aguas Nacionales, el Programa de Ordenamiento Ecológico del Estado de Chiapas y el Programa de Manejo del Parque Nacional Lagunas de Montebello.

A la Semarnat le tomó meses reconocer algo que resultaba evidente. Algo que ya antes habían advertido organismos como la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, la Secretaría del Medio Ambiente e Historia Natural de Chiapas y el Instituto Estatal del Agua del Estado de Chiapas.

El temor que se había propagado entre las comunidades aledañas, los pueblos originarios y las organizaciones defensoras del medio ambiente no era gratuito. El Proyecto Hidroeléctrico Santo Domingo pasó todas las etapas de proceso evaluador para su autorización antes de llegar al dictamen definitivo. Finalmente era un desarrollo hidroeléctrico en el que estaban de por medio alrededor de mil 200 millones de dólares.

Pero la reacción inmediata de organizaciones como Ouroboros 33, Greenpeace y líderes regionales lacandones, agrupados en la Asamblea de la Selva, quienes llamaron a crear un frente nacional contra el proyecto, fue determinante. La presión desatada durante las últimas dos semanas para detener lo que se veía como un evidente ecocidio sobre uno de los principales pulmones de México surtió efecto positivo.

Más allá de los presuntos pactos o negocios de por medio que tanto se señalaron, a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales no le quedó de otra que darle paso a la razón y la legalidad. El Proyecto Hidroeléctrico Santo Domingo significaría un costo muy elevado para los gobiernos entrantes. Un pesado lastre con el que tendrían que lidiar las administraciones de Andrés Manuel López Obrador y Rutilio Escandón Cadenas. Un problema de dimensiones internacionales que francamente resultaba innecesario.

Sin embargo, el hecho más importante es que finalmente la presa y sus consecuencias alternas sobre la Selva Lacandona no se llevarán a cabo. Se trata de nuevo triunfo ciudadano que da tranquilidad y esperanza en que las luchas emanadas de la sociedad civil consiente y organizada pueden permear en la construcción de un futuro menos desolador para las generaciones que vienen… así las cosas.

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