Las migraciones humanas son adheribles al ser humano. Nacemos migrando de los cuerpos de nuestras madres y continuamos migrando hacia otros espacios, buscándonos y reencontrándonos con los Otros. ¿Por qué en pleno época de la globalización nos espanta y nos hace vulnerables? ¿A quien le conviene que esta ola de incertidumbre, xenofobia y pánico se desarrolle y genere una desestabilización emocional entre los mexicanos?

El éxodo de los migrantes hondureños que hoy se vive en México es un fenómeno social que se venía vislumbrando desde hace muchos años y que la mayoría no creíamos que sucediera. Estos desplazamientos se resumen en la urgencia de un cambio sistemático de las políticas neoliberales, la riqueza material no puede seguir estando en manos de unos cuantos y miles de personas muriendo de hambre. El cambio no puede surgir del propio sistema sino de las masas de personas buscando oportunidades, de esta manera se está cumpliendo este éxodo del siglo XXI.

Las múltiples escenas de desplazamientos de los hondureños ponen en vigencia el éxodo bíblico-cristiano y las teorías del origen del hombre representado en el mural del escultor, Robertoni Gómez, Todo se mueve y cambia en el universo, expuesto en el Museo de la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas. Las dos teorías representadas en el mura resumen la condición migrante de los seres humanos adquirida desde su propia creación.

La teoría evolutiva, representada en el mural, indica que el hombre tuvo que migrar del árbol hacia otro espacio (tierra firme), luego de un proceso evolutivo físico y metal, que le permitiera defenderse de otros seres vivos, poder alimentarse y sobrevivir. Desde la teoría judío-cristiana, los primeros hombres (Adán y Eva) al ser expulsados del paraíso iniciaron una prologada migración tan vigente en nuestros días. Ambas teorías plantean la migración como un proceso natural y necesario para el hombre, es la única forma que encontró para sobrevivir y mejor su condición de vida.

 La historia nos indica que la migración interna fue una práctica tan cotidiana para las sociedades más primitivas; las grandes hordas de humanos que migraban de un lugar a otro en busca de alimento y cobijo para enfrentar las inclemencias de la naturaleza no tienen mucha diferencia con lo que ahora está pasando con los hondureños. Lo absurdo de esta situación es que se supone que nuestras sociedades deberían ser más civilizadas por todos los avances científicos y humanísticos, pero la realidad es que seguimos siendo la misma sociedad primitiva de hace miles de años.

Se tiene el registro que las migraciones masivas voluntarias (excluyendo los esclavos y los trabajadores de hogar bajo contrato) comenzaron hace doscientos años. Las razones de emigrar no tienen ningún misterio: hoy como hace doscientos años, tienen como objetivo mejorar las expectativas económicas y por añadidura una vida mejor, el problema de este siglo es que la globalización de la economía evoluciona de manera conjunta con el crecimiento de los flujos migratorios.

Así, hoy el número de migrantes internacionales es del orden de 200 millones de personas, frente a 82 millones en 1970. El fenómeno no es nuevo pero las economías globalizantes que se encuentran en pocas manos, más el desarrollo de los medios de transportes, los medios de comunicación alcanzan proporciones inéditas.

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