En los recientes años,  la posición privilegiada de los diputados se convirtió en un desprestigio generalizado entre la mayoría de los mexicanos. Y no es para menos, pues el presupuesto anual para ejercer su labor cada vez más aumenta y  los resultados son también cada vez más desastrosos. En Chiapas no se cantan mal las rancheras, según el Informe Legislativo 2018, del instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO),  por cada legislador, el Estado gasta más de 7 millones de pesos anuales.  Es decir, el Congreso de Chiapas no se encuentra entre las entidades que el Estado emplea hasta 27 millones de pesos anuales por diputado; sin embargo, al compararlo con  Puebla, el Estado gasta el doble y  el trabajo legislativo no se ve reflejado.

Además, según el IMCO, el grupo parlamentario de Chiapas se encuentra entre los cinco estados que más ha incrementado su presupuesto en los últimos años, con un porcentaje de 34.2 por ciento anual; prueba de ello es el de este 2019, donde aprobó y se aumentó la cantidad de tres millones de pesos más que el presupuesto del 2018. La actual LXVII Legislatura se autorizó una bolsa de 286 millones 356 mil 133 pesos, que también se ve reflejado en la dieta de cada diputado y diputada, pues su salario pasó de 66 mil a 67 mil 845 pesos mensual.

Sin embargo, conforme a los datos de IMCO, la remuneración bruta mensual de cada diputado local asciende a más de 100 mil pesos mensuales; sin contar las dádivas de la asamblea legislativa y el aguinaldo que es 6 veces más que lo establecido en la Ley Federal del Trabajo; por esa razón, en promedio, cada chiapaneco gasta más de 50 mil pesos mensuales para mantener su Congreso y su recompensa es casi invisible.

El IMCO también evalúa la distribución del gasto del Congreso de Chiapas, el cual lo divide en 4 rubros, las remuneraciones del personal, servicios generales, materiales y suministros, subsidios y ayudas sociales. De los cuales, las últimas legislaturas han reportado mayor gasto en las supuestas “ayudas y subsidios sociales”, actividades que no le compete realizar, pero utiliza más del 12 por ciento de su presupuesto anual.

Pese a que el Congreso de Chiapas no se encuentra en la lista de los congresos locales más caros de México, su presupuesto es mayor que el de otros estados con más número de población y su trabajo legislativo también es calificado ineficiente, pues más del 78% de los chiapanecos desconfía de sus diputados, principalmente por los recurrentes actos de corrupción en los que se han involucrado. 

Su ineficiente capacidad de ejercer su poder, al representarse como uno de los principales catalizadores del sistema político que cumple la función de convertir las demandas ciudadanas en políticas públicas, lo ha llevado a ser un órgano casi estéril para resolver los problemas del estado, pues ha violado los principios fundamentales de la Constitución y  ha diluido su carácter democrático, convirtiéndose en el poder más débil de los tres que constituyen los poderes del Estado.  Su trabajo actual  se ha reducido a ser coautor de corrupción del poder ejecutivo y judicial,  pensando en su propio beneficio y olvidándose de sus representados.

Así demostró ser la legislatura pasada y tal parce que también la actual, pues ambas carecen de profesionalismo, ética y productividad para ejercer sus funciones. El proceder de esta LXVII Legislatura contra los excesos cometidos por el ex gobernador, Manuel Velasco Coello, es prueba de que su actuar no tendrá ni el más mínimo cambio; ojalá me pudiera equivocar y ver en esta legislatura,  integrada en su mayoría por mujeres, esperanzas de justicia y un posible cambio democrático, pero solo podría ser un sueño. 

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