Los operativos para desarticular o, al menos, mermar la presencia de organizaciones sociales y campesinas, caracterizadas por el uso de la violencia en Chiapas, han alcanzado finalmente al Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) que durante años ha sido protagonista de innumerables denuncias por bloqueos carreteros y despojos bajo la omisión e ineficacia gubernamental.

Aunque en la zona centro de la entidad el FNLS no es tan popular como el Movimiento Campesino Regional Independiente (MOCRI), en las regiones Altos, Sierra y Selva de Chiapas es un viejo conocido. El Frente Nacional de Lucha por el Socialismo cuenta con presencia efectiva en al menos seis entidades del país y varios años de actividad en Chiapas. 

La formación de comunidades afines en municipios como Ocosingo y Venustiano Carranza han hecho de dicha organización un movimiento de permanente resistencia en la entidad. Su presencia en bloqueos y retenes carreteros dentro de sus zonas de injerencia, así como las denuncias por despojo o apropiación ilegal de tierras, se han convertido en una constante durante los últimos años.

A decir de la propia organización, la mesa de diálogo con el Estado se rompió de manera abrupta desde 2008, durante el gobierno estatal de Juan Sabines Guerrero y la administración federal de Felipe Calderón Hinojosa. Desde entonces los episodios de protestas y enfrentamientos se volvieron un persistente “dolor de cabeza” para los gobiernos subsecuentes, que dejaron crecer el problema y complicaron las cosas.

Aunque los desencuentros con las nuevas autoridades han sido reiterativos, fue el asesinato de unos de sus líderes, Mario Moreno López, ocurrida el pasado 18 de junio en el municipio de Venustiano Carranza, la gota que aparentemente “derramó el vaso”. El incremento de las acciones de protesta sobre tramos carreteros y el despliegue de la Guardia Nacional para desarticular el conflicto terminaron por estallar un problema a mayor escala.

La tensión en las inmediaciones de la comunidad Río Florido, del municipio de Ocosingo, desembocaron en el “secuestro” de cinco policías y varias unidades de empresas privadas, algunas de ellas incendiadas a mitad de carretera para evitar el avance de operativo. Desde entonces la situación se ha vuelto aún más tensa, con una mesa de diálogo que no termina de consolidarse y elementos de seguridad que todavía no han podido regresar a casa.

Si bien los principios que dan origen y sustento al movimiento resultan legítimos (en exigencia de justicia social), de manera similar a lo sucedido con otras organizaciones afines, han sido las formas y procedimientos del FNLS los que han mermado su credibilidad y empatía social. Se trata de una organización socialista, que ha decidido conducirse al margen de la ley, cargada ya de bastante rechazo social fuera de sus militancias.

El Frente Nacional de Lucha por el Socialismo se encuentra hoy en una de sus mayores encrucijadas dentro de Chiapas. Se enfrenta con un gobierno dispuesto a aplicar el Estado de Derecho sin miramientos, con ejemplos recientes como lo sucedido con el MOCRI, los estudiantes de la Escuela Rural Mactumactzá y la CNTE, que han enfrentado el final de las “complacencias gubernamentales”. Habrá que estar atentos a este caso cuya ruta de salida parece bastante adivinable… así las cosas.    

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